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La periodista y analista política Pilar Rahola ofreció un diagnóstico profundo y polémico sobre la situación actual en Cuba, señalando que el país atraviesa una fase crítica que podría desembocar en un cambio de régimen, aunque no necesariamente en los términos que muchos esperan.
En su intervención, Rahola planteó que el escenario cubano se mueve hoy entre la presión externa, el agotamiento interno y posibles negociaciones discretas que podrían redefinir el poder en la isla.
Una crisis que empuja al límite
Rahola parte de un hecho central: Cuba vive una crisis estructural marcada por apagones, escasez de combustible y deterioro económico.
Este contexto se ha agravado por la pérdida de apoyos internacionales y por el endurecimiento de la política estadounidense. De hecho, la presión energética impulsada por Donald Trump ha colocado al régimen en una situación especialmente delicada, al restringir el acceso a petróleo y financiamiento externo.
La estrategia de Trump: presión total y pragmatismo
Según Rahola, Trump no actúa bajo esquemas ideológicos tradicionales, sino desde una lógica pragmática orientada a resultados.
En ese sentido, sostiene que el mandatario estadounidense busca dejar un legado histórico: debilitar o provocar la caída de tres sistemas políticos longevos:
Para ello, considera que la estrategia dominante no es la intervención militar directa, sino el ahogo económico progresivo, una opción que la propia Rahola ha descrito como la “vía del colapso”.
¿Cambio de régimen sin ruptura total?
Uno de los puntos más controvertidos del análisis es la posibilidad de una transición sin desmantelar completamente las estructuras de poder.
Rahola sostiene que, en un escenario de negociación:
Este tipo de salida, señala, no sería inusual en procesos históricos de transición política, donde las élites negocian garantías a cambio de facilitar el cambio.
De hecho, reportes recientes apuntan a que algunas propuestas de negociación no contemplarían eliminar completamente la influencia del aparato castrista en el poder.
El papel de Díaz-Canel
En este escenario, Rahola considera que el actual presidente, Miguel Díaz-Canel, tendría pocas probabilidades de continuidad.
Lo describe como una figura prescindible dentro de la estructura del poder, cuya salida podría servir como elemento simbólico dentro de una eventual negociación o transición.
Entre la justicia y el pragmatismo
Uno de los aspectos más sensibles de su análisis tiene que ver con la justicia.
Rahola advierte que, si la transición ocurre mediante negociación y no por una ruptura abrupta o intervención militar, lo más probable es que se imponga:
Esto, reconoce, sería un golpe duro para sectores del exilio —especialmente en lugares como Miami— y para quienes esperan rendición de cuentas tras décadas de régimen.
“No es una reconciliación en sentido pleno”, sugiere, “sino más bien una salida pragmática que prioriza la estabilidad sobre la justicia”.
Un escenario aún incierto
A pesar de la contundencia de su análisis, Rahola reconoce que el momento actual entra en el terreno de la especulación.
Existen múltiples escenarios posibles:
Mientras tanto, el gobierno cubano ha respondido con firmeza a las presiones externas, rechazando cualquier intento de modificar su sistema político desde fuera.
Una transición posible, pero compleja
En conclusión, Rahola plantea que Cuba podría estar acercándose a un punto de inflexión histórico. Sin embargo, advierte que ese cambio no necesariamente implicará una ruptura total con el pasado.
Más bien, el futuro de la isla podría definirse a través de un equilibrio incómodo entre:
Un proceso que, de concretarse, marcaría el fin de una era, pero no necesariamente la satisfacción plena de las demandas de justicia acumuladas durante décadas.