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Sebastián Arcos, director interino del Instituto de Investigaciones Cubanas de FIU, aseguró que la reciente campaña de recolección de firmas impulsada por el régimen cubano no representa respaldo popular, sino una estrategia clásica de intimidación totalitaria diseñada para recordar al ciudadano quién ejerce el poder.
“La movilización en regímenes totalitarios siempre es parte de un proceso de ejercer el terror”.
Arcos sostuvo que el lenguaje confrontativo del régimen, acompañado de campañas masivas como esta, funciona como una “guapería de barrio” con doble propósito: proyectar fuerza hacia el exterior y sembrar temor dentro de Cuba.
Para el experto, la cifra oficial de más de seis millones de firmas carece de credibilidad real, especialmente en un contexto donde, según denunció, ciudadanos habrían sido obligados a firmar múltiples veces en centros laborales y comunidades.
“El poder no es de convicción… es otra manera de transmitir el terror, de ejercer el terror del Estado”.
El analista recordó que, aunque en décadas pasadas el castrismo sí logró movilizar sectores sociales desde la ideología, hoy el mecanismo responde más a coerción que a lealtad política, reflejando además la fragilidad de un sistema que enfrenta creciente desesperación interna.
Arcos también planteó que la retórica de soberanía y resistencia promovida por Díaz-Canel se vuelve vacía frente a la crisis estructural que atraviesa el pueblo cubano y frente a una cúpula que, según afirmó, estaría más enfocada en garantizar su supervivencia que en sostener convicciones revolucionarias.
“Son palabras huecas, palabras vacías.”
En un escenario hipotético de intervención militar estadounidense, Arcos afirmó que cualquier acción no se parecería a una invasión tradicional, sino a una operación estratégica de fractura del aparato de poder, enfocada en neutralizar capacidades militares y desmontar capas clave del liderazgo político y de seguridad.
Desde su perspectiva, el objetivo central sería provocar un shock interno que fracture la estructura del régimen y facilite negociaciones con nuevos actores.
“Primero hay que hacerle un choque al régimen para fracturarlo.”
Arcos subrayó que la experiencia de otras crisis internacionales demuestra, en su opinión, que dejar estructuras de poder intactas permite la continuidad del sistema, por lo que cualquier operación tendría que apuntar a una transformación profunda del aparato de control estatal.
La reflexión de fondo, según expuso, es que el castrismo sigue dependiendo menos de convicción ideológica que de mecanismos permanentes de miedo, vigilancia y disciplina social.
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