Historias de Galicia que nadie te había contado
El 11 de junio de 1963, el monje budista Thích Quảng Đức se sentó en una de las calles más transitadas de Saigón, se roció con gasolina y, envuelto en llamas, permaneció inmóvil meditando, en protesta por la persecución religiosa del régimen de Vietnam del Sur. En plena Guerra de Vietnam, aquel acto se convirtió en un símbolo de resistencia. Las fotografías de su sacrificio dieron la vuelta al mundo, ganaron un premio Pulitzer y sirvieron para cuestionar las políticas adoptadas por el régimen de Ngô Đình Diệm. Tras su funeral, en el que sus restos fueron finalmente reducidos a cenizas, el corazón de Quảng Đức no se quemó, por lo que fue recuperado y resguardado como una reliquia, símbolo de su compasión. En el delta del Mekong, otro hombre también dejó su huella en ese infierno. Como jefe de la Misión Sanitaria Española en Ayuda a Vietnam del Sur, este médico militar, veterano de la Guerra Civil y de la División Azul, salvaría miles de vidas junto a sus compañeros. Así fue como Argimiro García Granados llevó el alma de Galicia a Vietnam, desde Santiago de Compostela a Saigón.