Historias de Galicia que nadie te había contado
Hubo un tiempo en que vivir cerca del mar era más un castigo que un privilegio. Las rías gallegas, que hoy atraen turismo y bienestar, fueron durante siglos puertas abiertas al miedo. Sus habitantes pasaban noches enteras en vela, con el ojo puesto en el horizonte, por si la luna reflejaba velas enemigas. A lo largo del siglo XVII, muchas familias gallegas abandonaron sus casas en la costa y huyeron hacia el interior. Dejaron campos, redes, viviendas y hasta iglesias para refugiarse en aldeas interiores, lejos del alcance de los barcos piratas que llegaban por el Atlántico buscando botín, víveres y esclavos. La costa gallega quedó sembrada de ruinas, playas desiertas y miedo. No era una decisión fácil. Pero la alternativa era peor: ser secuestrado, asesinado o ver cómo te arrebatan a tus hijos en mitad de la noche. Uno de los episodios más crueles de aquella época tuvo lugar en diciembre de 1617, cuando una escuadra de piratas berberiscos atacó Cangas do Morrazo, saqueó la villa, incendió las casas e hizo prisioneros a decenas de vecinos. Fue un infierno que dejó cicatriz en la historia gallega. Porque aquel día también ardió Galicia. Y no fue una metáfora.