La Psicología y el Modelo Parcuve®
El amor materno también tiene una dimensión corporal. Durante el parto, el contacto y la lactancia interviene, entre otros sistemas, la oxitocina, una hormona relacionada con las contracciones, la salida de la leche, la reducción del estrés y la aproximación hacia el bebé.
Pero sería un error imaginar la oxitocina como una especie de interruptor que, al activarse, hace que una mujer ame automáticamente a su hijo. El amor no puede reducirse a una hormona.
Un parto vivido con dolor extremo, miedo, humillación, pérdida de control o sensación de abandono puede dejar a la madre en un estado de estrés, agotamiento o incluso disociación. En esas condiciones, el primer encuentro con el bebé no siempre está acompañado por la emoción que ella esperaba sentir.
Y aquí aparece otro sufrimiento del que se habla poco: algunas mujeres miran a su hijo recién nacido y no sienten esa explosión inmediata de amor que les habían prometido. Entonces pueden sentir culpa, vergüenza o pensar que son malas madres.
Eso no significa necesariamente que no amen a sus hijos. El vínculo también puede construirse lentamente mediante el contacto, los cuidados y la convivencia.
El problema es diferente cuando la madre no puede aceptar la distancia entre el hijo imaginado y el hijo real. Durante el embarazo puede haber amado una fantasía: un niño que la completaría, repararía su soledad, daría sentido a su vida o respondería a todas sus expectativas.
Pero el niño real llora, exige, enferma, tiene un temperamento propio y no existe para reparar emocionalmente a su madre.
Una madre suficientemente sana puede elaborar esa decepción y comenzar a conocer al hijo que verdaderamente ha nacido. Una madre con una organización narcisista puede vivir esa diferencia como una herida: “No eres el hijo que yo esperaba”.
Entonces puede culpar al niño de su propio sufrimiento. Ya no se trata solamente de una dificultad hormonal o de un parto traumático. Se trata de la imposibilidad de amar al hijo como alguien separado, diferente e imprevisible.