27. Gestión del cambio II: cómo afrontar los cambios impuestos
Author: Productividad Personal
April 2, 2018
Duration: 14:54
En el post anterior contextualizamos un poco la gestión del cambio y los tipos de cambio que nos solemos encontrar en nuestra vidas. En este segundo artículo nos vamos a centrar en los cambios impuestos, exógenos o lo que es lo mismo, no elegidos. Aquellos cambios a los que tenemos que hacer frente sin que haya sido decisión nuestra que aparezcan.
Como vamos a ver a continuación, nuestra manera de actuar cuando uno de estos cambios aparecen nos llevará a un camino o a otro, a la aceptación o al abandono.
La curva del cambio
Una manera muy sencilla de entender como funcionamos en este tipo de procesos es a través de la curva del cambio.
Cuando tenemos conocimiento de que va a tener lugar un cambio, generalmente la primera fase suele ser la negación, que suele ir acompañada de rechazo. Los cambios generalmente nos dan miedo, y es natural, y por esto tendemos a negarnos a aceptarlos, justificar el por qué son un error, darlos por imposible, etc.
Sin embargo, cuando son cambios externos rara vez vamos a tener oportunidad de decidir sobre ellos. Podemos decidir cómo los vamos a afrontar, pero no solemos tener la posibilidad de hacer que dichos cambios no tengan lugar.
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Una vez superamos esta fase, suelen aparecer la resistencia y el miedo. Asumimos que las cosas han cambiado, pero somos aún reticentes a sumarnos a ese cambio, tenemos miedo de no ser capaces, de que sea un cambio perjudicial, o de cómo va a afectar este a nuestras vidas. Cómo afrontemos esta fase va a ser el punto de inflexión y lo que va a determinar el resultado final del proceso.
Una vez superada esta fase, si finalmente se ha decidido aceptar el cambio, la curva terminará de forma ascendente hacia una adaptación a la nueva situación que traerá consigo nuevos aprendizajes. Sin embargo, si la resistencia termina por superarnos, terminaremos abandonando y finalmente abandonaremos y el cambio no se producirá.
Actitudes frente los cambios impuestos
El factor más determinante respecto a cómo será nuestra curva del cambio será la actitud que tengamos frente a él. Generalmente, diferenciamos cuatro:
Lucha: no se acepta el cambio, se considera como algo negativo y se lucha contra él para que no se produzca.
Huída: cuando nuestra resistencia al cambio es total, se puede llegar incluso a la huída. Esta puede darse de tres formas diferentes: huída física, social o psicológica.
Pasividad: sabemos que el cambio se va a producir pero ni lo queremos ni lo podemos evitar, por tanto optamos por una actitud pasiva, con la cual sentimos que no estamos participando en ese cambio.
Ilusión: deseamos el cambio que se va a producir, pero en ocasiones creemos que será la respuesta a todos nuestros males, lo cual puede llevar a que esa ilusión termine en decepción.
De todas estas actitudes, las tres primeras producirán una resistencia al cambio, que es lo que puede desembocar en fracaso.
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La resistencia al cambio
Cuando es un cambio impuesto, la resistencia será un punto de inflexión en el resultado final, y hay determinados factores que aumentan esa resistencia.
La necesidad de cambio no es sentida. El cambio es externo, no hemos decidido que debe producirte y no tenemos motivos para sentir que es necesario. Esto hará que la resistencia a él sea mucho más grande y que nos quedemos en ella si no la sabemos gestionar.
Los objetivos no están claros. En muchas ocasiones se impone un cambio pero no se da la suficiente información sobre él, y eso hace que sea muy difícil que las personas que han de asumirlo se alineen con él.
No se ha participado en el proceso de decisión. El cambio simplemente se impone, sin tener ninguna opción de opinar sobre el mismo, lo cual hace que la resistencia se multiplique.
Falta comunicación o es unidireccional. Esto es fundamental, cuando no se nos permite opinar o la comunicación es mala, el cambio se siente aún más impuesto, y por lo tanto de nuevo la resistencia aumenta.
Existencia de fracasos anteriores. Este será uno de los factores más determinantes, si han existido fracasos en situaciones similar en el pasado instintivamente estaremos más reticentes ante nuevos procesos similares. Sin embargo, si somos capaces de tomar como un aprendizaje estos antiguos fracasos lograremos estar más cerca del éxito.
El cambio se produce de manera demasiada brusca. Esto nunca es positiva, si el cambio se da demasiado rápido, sin dar tiempo a que la información se asimile y se entienda el proceso, la resistencia se disparará simplemente por la confusión que un cambio brusco genera.
Elegir entre abandono o compromiso
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Superada la resistencia, llega el abandono o el compromiso ¿Qué nos hará abandonar? ¿Por qué decidimos comprometernos?
El abandono, suele producirse por: ignorancia, confusión, percepción negativa, decisión de no apoyar el cambio o abandono una vez el cambio ya ha tenido lugar.
Por otro lado, el compromiso es el resultado final de un proceso en si que tiene lugar cuando ya se ha decidido aceptar y unirse al cambio.
El proceso de compromiso
Para que el compromiso se produzca pasaremos por dos fases previas: preparación y aceptación. Lo que nos irá llevando de una fase a otra será la existencia de algunos de estos requisitos:
Se cuenta con la información adecuada, lo que hace que las dudas y la incertidumbre disminuyan.
Las razones del cambio se han comunicado adecuadamente, por lo que la comprensión del mismo es mejor.
El cambio se produce a un ritmo moderado: como ya hemos dicho, los cambios bruscos no funcionan, por lo que si el ritmo es adecuado la aceptación y la preparación serán mejores.
Cuando tenemos que cambiar y no lo hemos decidido nosotros nos enfrentamos sin alternativa a un proceso difícil en el que nuestra actitud será determinante y con esta información seremos capaces de hacer un análisis inteligente de este proceso.