Radio Menorca
La crítica como espejo: por qué juzgamos a los demás y qué puede decir de nosotros
Bernat Fortuny y Carola Lamberti analizan en ‘Es Coach La SER’ el origen de la crítica, su relación con la queja y la influencia de los hábitos familiares en nuestra manera de relacionarnos
La crítica como proyección personal
Criticar a los demás forma parte de muchas conversaciones cotidianas, pero pocas veces nos detenemos a analizar qué hay detrás de esa conducta. En el espacio ‘Es Coach La SER’, Bernat Fortuny y Carola Lamberti han planteado esta semana una reflexión sobre la crítica como una posible proyección de aquello que una persona no acepta, no quiere afrontar o le resulta incómodo reconocer en sí misma.
Fortuny explicó que la crítica puede tener una dimensión inconsciente. Cuando una persona señala determinados defectos o comportamientos en otra, puede estar poniendo el foco, sin darse cuenta, en aspectos propios que considera insuficientes o que le generan malestar. Para ilustrarlo, relató una dinámica en la que, después de criticar a otra persona, tuvo que repetir esas mismas críticas frente a un espejo. El ejercicio, según explicó, permitió comprobar cómo aquello que había señalado en el otro también podía estar relacionado con aspectos propios.
Lamberti incidió en la misma idea desde la perspectiva del coaching. Según explicó, preguntarse para qué se critica puede ayudar a identificar qué se está evitando mirar en uno mismo. La crítica permite colocar el problema fuera y evita, en determinados casos, asumir la responsabilidad sobre aquello que necesita ser revisado.
Familia, hábitos y formas de relacionarnos
Los dos coaches también señalaron que la crítica no aparece siempre como una decisión consciente. El entorno familiar puede desempeñar un papel importante en la manera en que aprendemos a relacionarnos con los demás. Si hablar negativamente de otras personas, compararse o hacer comentarios críticos forma parte habitual de una familia, ese comportamiento puede acabar percibiéndose como algo normal.
Sin embargo, los hábitos adquiridos no tienen por qué mantenerse indefinidamente. Lamberti destacó que tomar conciencia de esos patrones permite plantearse cambios, especialmente pensando en las nuevas generaciones. Identificar que determinadas formas de hablar o comportarse estaban normalizadas en el entorno familiar puede ser un primer paso para modificar esa dinámica.
La conversación también abordó la comparación y la envidia como comportamientos relacionados con esta cuestión. Según plantearon los coaches, prestar demasiada atención a lo que tienen los demás puede desviar el foco de las propias necesidades, objetivos y dificultades.
En este sentido, la crítica puede convertirse también en una dinámica social. Fortuny explicó que quejarse o hablar negativamente de otras personas puede funcionar como una forma de pertenencia a un grupo. Compartir determinadas quejas permite identificarse con los demás y sentirse parte de una conversación común.
Pararse ante la crítica y preguntarse por qué
El programa también relacionó esta dinámica con la convivencia. La crítica constante puede estar presente en el ámbito familiar, en los grupos sociales y en las redes sociales, donde determinadas formas de comunicación pueden contribuir a aumentar la confrontación.
Para los participantes, reconocer estos comportamientos no implica realizar un juicio permanente sobre uno mismo, sino utilizar esos momentos como una señal para detenerse y observar qué está ocurriendo. Ante una crítica, propusieron preguntas como qué está molestando realmente, qué aspecto personal puede estar relacionado con esa reacción o qué cuestión se está evitando afrontar.
El refranero español sirvió para resumir esta reflexión con expresiones como “lo que dice Juan de Pedro dice más de Juan que de Pedro”, “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio” o “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.
El programa concluyó con una referencia al trabajo desarrollado anteriormente sobre los perfiles DISC y la importancia de comprender las diferentes formas de comunicarse. En este caso, la propuesta fue más sencilla: utilizar el espejo como una herramienta cotidiana para detenerse, observarse y preguntarse qué hay detrás de aquello que se está criticando en los demás.