A046 Roma, Historia Eterna - República XXXII (474 a.u.c.)
Author: franzogar
March 10, 2021
Duration: 31:57
Son nombrados cónsules Publio Sulpicio Saverrión y Publio Decio Mus.
Inicio de la batalla de Ausculum, cuyo despliegue de los dos ejércitos enfrentados fue el siguiente.
El ejército de Pirro constó de 9.000 jinetes, 40.000 infantes, 20 elefantes, cuya distribución en el campo de batalla formó un ala izquierda con 3.500 jinetes ambracios, lucanos y tarentinos, apoyados por 1.000 infantes ligeros, un centro con 9.000 hoplitas samnitas, 5.000 hoplitas mercenarios (etolios, acarnanios, atamanios y alamanios), 5.000 falangistas epirotas (molosos, tesprotos y caones), 5.000 hoplitas tarentinos o Leucáspides, “escudos blancos”, un importante contingente de la falange con armamento pesado, 5.000 falangistas brucios, lucanos y salentinos, 5.000 falangistas italiotas y 4.000 falangistas macedonios, donde Pirro se situó con su Agema (guardia personal) de 2.000 jinetes, un ala derecha con 3.500 jinetes brucios, samnitas, tesalios y macedonios, apoyados por 1.000 infantes ligeros y una retaguardia, a izquierda y derecha, con 10 elefantes protegidos por 1.000 infantes ligeros.
El ejército romano sumó 8.000 jinetes, 40.000 infantes, 300 carros y 5.000 arpinos de refuerzo, que los desplegó en un ala izquierda con 4.000 jinetes y 1.000 infantes ligeros apulianos, un centro con 2ª, 4ª, 3ª y 1ª legiones romanas con un total de 20.000 legionarios y 4 legiones aliadas intercaladas de 16.000 auxiliares, un ala derecha con 4.000 jinetes y 1.000 infantes ligeros campanos y la retaguardia con 300 carromatos y 1.000 de infantería ligera.
Los cónsules dirigieron uno, Publio Sulpicio Saverrión, el ala izquierda y otro, Publio Decio Mus, el ala derecha.
Su gran golpe de vista militar hizo comprender inmediatamente a Pirro las ventajas del orden manipular de las legiones. La 1ª legión se desplegó frente a las falanges de Ambracia y Macedonia, la 2ª frente a samnitas, la 3ª contra tarentinos, brucios y lucanos y la 4ª contra mercenarios y epirotas.
En este segundo encuentro entre las falanges macedonias y las legiones romanas, ambos ejércitos estuvieron en igualdad numérica.
Los romanos computaron un mayor número de infantes, pero menor número de jinetes y elefantes.
En la primera fase, la batalla se desarrolló tras cruzar las tropas romanas un arroyo que las separaba del enemigo.
Primero lo traspasó la caballería y detrás las legiones.
Pirro mandó atacar a su caballería. Pirro vio con horror cómo el centro empezó a derrumbarse.
Efectivamente, los elefantes fueron enviados para taponar la brecha que la 2ª legión abrió en el centro del despliegue epirota.
Pero en este justo momento, donde el pánico se apoderó de los legionarios, otros romanos aprovecharon para poner en marcha su arma secreta contra los elefantes, ¡sus 300 carros!
Después de la batalla de Heraclea, donde los elefantes de guerra griegos produjeron un gran impacto sobre los romanos, éstos aprendieron cómo hacerles frente.
Pirro evaluó la situación y decidió que los elefantes se acercasen a los carros romanos, pero manteniendo una distancia prudente que impidiera ponerlos en peligro.
Apareció una legión de 5.000 arpinos (arpinos, procedentes de Apulia, aliados romanos del Lacio), que acababa de llegar y que no había participado en la batalla hasta entonces.
Les preguntaron quiénes eran y los griegos les informaron que pertenecían al campamento de Pirro.
Aquellas pesquisas indujeron a los recién llegados aliados romanos no intervenir en la batalla, pero sí saquear el campamento epirota y llevarse un jugoso botín.
La noticia, comunicada a Pirro, fue el colmo de los colmos: unos romanos, situados a su espalda, en la retaguardia, estaban saqueando su campamento.
Las legiones 3ª y la legión aliada, antes de quedar cercadas en una loma por unidades de caballería e infantería ligera enemigas, atacaron con ímpetu victorioso, irrumpiendo en el centro del dispositivo epirota.
Ni Pirro pudo desalojar a sus enemigos de la elevación ni la caballería y los elefantes pudieron maniobrar en esas alturas. Los romanos sabedores del cerco de sus legiones, reunieron la caballería de ambas alas para romper el cerco enemigo, pero fue en vano. Con la llegada de la noche, los epirotas retrocedieron a su campamento y los romanos bajaron de la loma, retirándose a sus líneas.
Pirro llevó la peor parte el primer día: obligado a dar la batalla en las orillas escarpadas y pantanosas de un arroyo, no había podido desplegar su caballería ni sus elefantes.
Esta acción obligó a los romanos a enfrentarse al ejército epirota en las llanuras cercanas.
Este día, sin embargo, los romanos atacaron agresivamente toda la línea epirota, poniendo una enorme presión en todas las partes.
Esperaban que se rompiera el frente epirota antes de que pudiese emplear sus elefantes, pero la infantería de Pirro, realizó una buena actuación, aguantando a las legiones romanas.
Pirro decidió emplear sus elefantes y los romanos emplearon los carros que les quedaban.
Muy pronto, sin embargo, luego de que los numerosos soldados, colocados sobre los elefantes, rechazaron con sus flechas y sus hondas a los de los carros romanos, y cortaron los tiros de sus bueyes, los elefantes se precipitaron contra las líneas romanas.
Aunque inicialmente tuvo éxito, la infantería ligera pronto inutilizó los carros romanos, y los elefantes hundieron la línea romana, produciendo brechas y comenzando el desorden.
En ese momento, el propio Pirro llevó a su Agema o Guardia Real a la batalla, entró por una brecha y atacó el flanco romano.
Durante esta fase de la batalla, Pirro fuese herido por una jabalina romana, que le atravesó un brazo de parte a parte, en lo más recio de la pelea.
Pirro quedó dueño del campo de batalla y se declaró vencedor, ya que el enemigo abandonó toda clase de contienda y hostilidad.
Llegó el invierno, y el rey se retiró a Tarento, y los romanos quedaron acampados en la Apulia.
Analizada la situación, comparada con los recursos militares de Roma, a Pirro le faltaron aquellos.
En cuanto al resultado de la batalla de Ausculum, fue relatado de manera diferente por diversos autores, entre ellos, Jerónimo de Cardia señaló que Pirro obtuvo una victoria, Dionisio la representó como una prolongada batalla, y los cronistas romanos apuntaron a una victoria de los romanos.