A062 Roma, Historia Eterna - República XXXVIII (535 a.u.c. 3ª Parte)
Author: franzogar
May 12, 2021
Duration: 35:09
Norte de Italia.
Cuando el cónsul, Publio Cornelio Escipión, regresó a Italia, tras el fracasado intento de detener a Aníbal en el Ródano, atravesó, sin esperar a su colega Tiberio Sempronio Longo, el río Po, la defensa más segura. El cónsul romano estableció su campamento en la margen derecha de uno de los afluentes del Po, el río Ticinus (Tesino).
Estas fueron las únicas fuerzas romanas que encontró Aníbal después de cruzar los Alpes.
El cónsul colocó a los lanzadores de jabalinas y a la caballería gala al frente, mientras que la caballería romana y la caballería pesada de los aliados quedaron como reserva.
Aníbal formó su centro con su caballería con frenos y puso a los númidas en los flancos.
El cónsul romano aceptó el combate sin temor y, a pesar de su inferioridad numérica.
Los lanzadores de jabalina, su infantería ligera, colocada delante de la caballería romana, fueron los primeros en ser atacados por los jinetes númidas, conducidos por Aníbal y, tras el choque violento de la caballería pesada púnica, huyeron en desorden.
El resto de las fuerzas romanas, con la caballería cerrada en torno al cónsul, protegiéndolo tanto con sus personas como con sus armas, fue envuelto por la caballería númida por el flanco y la espalda.
La superioridad de la caballería púnica, en terreno favorable, no tardó en decidir el resultado de la batalla a favor de Aníbal.
Ante el triunfo cartaginés, los restantes romanos se retiraron en orden al campamento.
Los romanos fueron derrotados en la Batalla de Ticinus (Tesino), lo que llevó a todos los galos, excepto los cenómanos, a unirse a la insurgencia contra Roma.
Además de derrotado junto al río Ticinus (Tesino), el cónsul, Publio Cornelio Escipión, fue también herido en dicha batalla. Las pérdidas de los romanos fueron considerables.
Mientras Aníbal se preparó para dar una gran batalla a los osados enemigos, el cónsul romano pasó a la orilla derecha del Po, que nunca debió haber abandonado, mediante una marcha rápidamente concebida y ejecutada con gran acierto a la noche siguiente.
Los soldados romanos recibieron la orden de recoger su impedimenta en silencio, alejarse del río Ticinus (Tesino) y dirigirse rápidamente al valle del Po hasta Plasencia (Piacenza), cruzando el puente de barcas que todavía estaba intacto, en perfecto orden y sin ser molestados por el enemigo púnico.
Aníbal, que desconocía la huida del ejército romano, sorprendió a un destacamento de seiscientos hombres, que desmontaban uno de los extremos del puente de barcas, que unía ambas orillas del río Po.
Luego levantó un campamento cerca del cuartel romano en las inmediaciones del río Trebia.
Por otra parte, Aníbal no pudo avanzar más, y se vio obligado a acampar frente al ejército romano. Sicilia.
Preferían que fuese más una batalla de naves que de soldados, porque su flota estuvo dotada de marineros, más que de soldados. La escuadra cartaginesa fue batida en las cercanías del puerto por la flota romana. Inmediatamente después de esta batalla, Tiberio Sempronio Longo, el cónsul destinado a Sicilia, llegó a Messana (Mesina).
El cónsul navegó hacia Lilibeo, acompañado con su flota por el rey, Hierón 2º de Siracusa.
El cónsul puso rumbo a Melita (Malta), isla en manos de los cartagineses.
Habiendo quedado satisfecho al asegurar aquella parte de Sicilia, el cónsul navegó hasta la isla Vulcano, enterado de que la flota cartaginesa estaba anclada allí, pero no encontró al enemigo que ya partió hacia Italia.
Italia.
Sur de Italia, Lucania.
Dicho territorio fue asolado por la flota cartaginesa.
Galia Cisalpina.
El cónsul, Tiberio Sempronio Longo, encargado del mando del ejército, mientras su colega, Publio Cornelio Escipión, se curaba de sus heridas, aunque, barajó la posibilidad de poder obtener la victoria para la República romana, no presentó orden de batalla, pues, además, estaba próximo a expirar el tiempo de su magistratura.
El territorio entre el Trebia y el Po estuvo habitado por galos.
El deseo de enriquecer a sus soldados con el botín, impulsaron a Aníbal a enviar dos mil soldados de infantería y mil de caballería, compuesta por galos y númidas, sobre todo por estos últimos, con órdenes de devastar todo el país, comarca tras comarca, hasta las mismas orillas del Po.
Arrasó las aldeas de los galos que permanecieron fieles a los romanos.
Aníbal estuvo ansioso por no perder tiempo para combatir a un ejército novato, sabiendo, además, que uno de sus dos mejores jefes romanos estaba incapacitado por su herida.
Dispuso sus fuerzas en la llanura frente al río y envió la caballería númida para lanzar sus proyectiles sobre los puestos de vigilancia e incitar a los romanos, acuartelados en la otra orilla en inexpugnables posiciones, al combate. Por último, un día muy lluvioso, los romanos decidieron presentar resueltamente la batalla, comenzando así la batalla del Trebia.
El cónsul, Tiberio Sempronio Longo, sacó toda su caballería para cubrir el ataque númida, porque confiaba en ella.
Finalmente las tropas del cónsul, Tiberio Sempronio Longo, llegaron fatigadas, hambrientas y mojadas y se situaron precipitadamente en orden de batalla, la caballería en las alas, según costumbre, y la infantería en el centro.
Las tropas ligeras, ubicadas en la vanguardia de ambos ejércitos, comenzaron el combate, iniciándose la batalla de Trebia.
Lo mismo hizo la caballería romana en las alas, oprimida de frente por los elefantes, y atacada de flanco por la caballería de Aníbal, mucho más numerosa.
Con todo, la infantería romana se mostró digna de su nombre, combatiendo contra la infantería enemiga con marcada superioridad, aun después de que su caballería derrotada cediese el campo a las tropas ligeras de Aníbal y a sus númidas.
Débilmente perseguido, este pequeño ejército de valientes pudo llegar hasta Plasencia (Piacenza).
Solo algunos caballeros y algunas secciones de infantería romana pudieron llegar al campamento, y, como ya no los perseguían los cartagineses, entumecidos por el frío, los romanos entraron a su vez en Plasencia (Piacenza).
La batalla del Trebia finalizó con la completa derrota de los romanos, que sufrieron cuantiosas pérdidas, y con los dos cónsules refugiándose en Plasencia (Piacenza) tras sus murallas, aunque, luego, el cónsul, Publio Cornelio Escipión, para que una sola colonia no se viese abrumada con el suministro de los cuarteles de invierno de dos ejércitos, cruzando el Po, llegó a Cremona.
Publio Cornelio Escipión (futuro Africano Maior) participó en la batalla.
El combate que enfrentó a Aníbal con las tropas de ambos cónsules en Trebia fue el primer gran desastre bélico romano.
Aníbal se retiró al territorio aliado de los galos para preparar la siguiente campaña.