A063 Roma, Historia Eterna - República XXXIX (536 a.u.c. 1ª parte)
Author: franzogar
May 15, 2021
Duration: 30:03
ROMA
Período republicano (del 509 al 27 antes de Cristo
o del 244 al 726 ab urbe condita).
Son nombrados cónsules Cayo Flaminio Nepote, por 2ª vez, y Cneo Servilio Gémino.
Es nombrado dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, por 2ª vez.
Es nombrado dictador, Marco Minucio Rufo.
Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Marco Pomponio Matón.
Es nombrado pretor, Marco Pomponio.
El candidato a cónsul, Cayo Flaminio Nepote, celebró su elección bajo el cónsul Tiberio Sempronio Longo, que llegó a Roma tras la batalla del Trebia para oficiar las elecciones consulares y, tras hacerlo, volvió junto a su ejército en los cuarteles de invierno, con el cargo de procónsul. Se cuenta, que en lugar de someterse a los auspicios, el rito solemne, que se oficiaba en el Capitolio, el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, escapó de Roma como un particular.
Por otra parte, Publio Cornelio Escipión fue enviado a Hispania como procónsul, donde estaba su hermano Cneo Cornelio Escipión Calvo.
Cronología de otros hechos históricos:
Italia.
Los dos cónsules, Cayo Flaminio Nepote y Gneo Servilio, obtuvieron los soldados necesarios para completar las cuatro legiones consulares, y recibieron un relativo aumento de jinetes para conformar la caballería.
El cónsul, Cneo Servilio Gémino, comenzó a dirigir las operaciones militares contra Aníbal desde Ariminum (Rímini), para bloquear la marcha cartaginesa hacia la costa adriática, e impedir así el avance ulterior hacia Italia central por la vía Flaminia.
El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, vigiló la primera, la de Arretium (Arezzo) y su colega, Gneo Servilio Gémino, custodió la segunda, la de Ariminum (Rímini).
Cayo Flaminio Nepote se hizo cargo de las dos legiones de Tiberio Sempronio Longo, el último cónsul, y de las dos de Cayo Atilio Régulo, el pretor, y comenzó su marcha hacia Etruria por los pasos de los Apeninos.
Los historiadores difieren sobre el itinerario que realizaron tanto Aníbal como el cónsul, Cayo Flaminio Nepote.
Según Zonaras, éste llegó a Ariminum, cuando Aníbal inició su marcha, mientras que Tito Livio señala que el cónsul procedió de Ariminum a Arretium (Arezzo) antes de que Aníbal comenzase a moverse, y, finalmente, Polibio añade que Cayo Flaminio Nepote partió desde Roma directamente a Arretium (Arezzo), y no menciona a Ariminum.
Sin embargo, se puede conjeturar que Aníbal avanzó más al sur que el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, que estuvo en Arretium (Arezzo), para cerrar los pasos del Apenino, que desembocaban en la costa tirrena, y, desde allí, salió en persecución del enemigo cartaginés, tal vez más imprudente que sabiamente.
El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, con el ejército de Etruria, continuaba aún en Arretium, pensando en partir en cuanto la estación lo permitiese, para ir a cubrir el valle del río Arno y bloquear la salida de los desfiladeros del Apenino por la parte de la actual Lucca, a orilla del río Auser (actual Serchio).
Mientras el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, dormitaba todavía muy tranquilo en Arretium, esperando que las vías del Apenino fuesen transitables para ir a cerrar los accesos, Aníbal se dedicó a investigar el estado de ánimo del jefe romano, sus planes y los recursos del país.
El cartaginés descubrió que el cónsul evitaba el consejo tanto de los dioses como de los hombres y hacía gala de un carácter impetuoso y terco.
Aníbal, dispuesto a irritarle y molestarle, dejó el campamento y saqueó ciertos distritos de Etruria.
Pero el cónsul romano olvidó, como ya sucedió en sus campañas contra los galos ínsubros, seis años atrás, que los buenos soldados reparan muchas veces las faltas de sus generales.
Aníbal, resuelto a desesperar al cónsul romano e incrementar su odio, realizó correrías entre Cortona y el lago Trasimeno y acampó con sus africanos e hispanos en un llano, cerca del lago, mientras que los baleares y el resto de la infantería ligera se ocultaron tras unas colinas y la caballería quedó apostada en la entrada de un desfiladero y tapada por otras colinas más bajas, a la espera de que el ejército del cónsul cruzara la angostura y permaneciera rodeado por la caballería púnica, el propio lago y las colinas referidas.
Sin utilizar los exploradores para revisar el trayecto, el ejército del cónsul, Cayo Flaminio Nepote, pasó el desfiladero que conducía a la llanura anterior a las inmediaciones del lago Trasimeno y comenzó a desplegarse en orden de combate al comprobar que enfrente estaba el ejército púnico, desconociendo que el resto permanecía oculto a su retaguardia.
En medio del pánico general, el cónsul animó a sus hombres y les ordenó aguantar y combatir.
El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, que destacaba por su armadura, fue avistado por un jinete galo ínsubro, que le hundió su lanza en el pecho.
A la muerte del cónsul siguió una huida general, donde armas y hombres del ejército romano cayeron en desorden.
Aníbal mantuvo esta promesa con su fidelidad púnica y encadenó a los romanos y despidió sin rescate a los prisioneros pertenecientes a los aliados romanos.
Después del desenlace de la batalla de Trasimeno, los partidarios de Cayo Flaminio Nepote en el Senado comenzaron a perder influencia y los romanos principiaron temer una invasión de Roma por Aníbal.
La famosa batalla del Trasimeno fue un desastre memorable como pocos para Roma.
El anuncio de un nuevo desastre de la pérdida de cuatro mil jinetes de caballería, acontecido bajo el mando del propretor Cayo Centenio, enviados por el cónsul, Cneo Servilio Gémino, en auxilio de su colega, el cónsul fallecido, aceleró los temores de los romanos.
Este humillante suceso se produjo, cuando el cónsul, Cneo Servilio Gémino, informado de la derrota de la batalla del lago Trasimeno, mandó a los citados jinetes romanos a la Umbría, donde fueron rodeados y capturados por Aníbal.