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En una reciente entrevista, el coronel retirado del Ejército argentino y veterano de la Guerra de Malvinas, Guillermo Laferrier, ofreció un análisis contundente sobre la actual dinámica de conflicto en Medio Oriente, poniendo el foco en la situación de Irán, el rol de Estados Unidos e Israel, y las implicancias estratégicas globales.
Desde el inicio, Laferrier planteó una lectura inversa a la predominante en algunos medios: lejos de considerar que Estados Unidos enfrenta su mayor desafío, sostuvo que es Irán quien atraviesa una situación crítica. Según explicó, los ataques sostenidos sobre su estructura político-militar están generando un deterioro constante en su cadena de mando y control. Este proceso, afirmó, no es fácilmente reversible, ya que la eliminación sucesiva de líderes obliga a reemplazos improvisados que deben operar en un entorno de alta presión e incertidumbre.
En el plano energético, el analista destacó que el impacto del conflicto no afecta de igual manera a todas las potencias. A diferencia de la crisis del petróleo de 1973, donde Estados Unidos era altamente dependiente del crudo de Medio Oriente, hoy —según Laferrier— el país más expuesto es China, debido a su fuerte dependencia del petróleo que transita por el Golfo Pérsico. En ese sentido, interpretó la situación actual como parte de una estrategia más amplia de competencia global.
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista giró en torno al uso del poder aéreo. Laferrier coincidió con la idea de que, históricamente, los bombardeos por sí solos no han logrado provocar cambios de régimen, aunque sí han sido efectivos para debilitar capacidades militares. Sin embargo, introdujo un matiz clave: en determinados contextos, la degradación sostenida del Estado puede generar condiciones internas que deriven en una crisis política profunda.
En relación con Irán, advirtió que el deterioro de sus capacidades militares, policiales y de control interno podría derivar en un escenario de extrema fragilidad. Utilizando una analogía médica, comparó la situación con un organismo debilitado que, tras un período de desgaste, queda vulnerable a un colapso no inmediato pero sí progresivo. Aun así, alertó que la caída del régimen no es automática ni necesariamente deseable, ya que el vacío de poder podría desembocar en escenarios de anarquía.
El coronel también cuestionó lo que considera una sobreestimación de las capacidades iraníes en algunos análisis mediáticos, particularmente en relación con el control del estrecho de Ormuz. Si bien reconoció la posibilidad de acciones disruptivas, sostuvo que Irán no cuenta con los medios suficientes para bloquear completamente esa vía estratégica.
En el plano político internacional, Laferrier fue crítico con Europa, señalando una aparente contradicción entre su dependencia en materia de seguridad y su limitada disposición a involucrarse activamente en conflictos. Asimismo, retomó críticas históricas de Estados Unidos hacia sus aliados por el bajo gasto en defensa.
Finalmente, al abordar el tema nuclear, llamó a evitar simplificaciones. Si bien reconoció la peligrosidad de una eventual capacidad nuclear iraní, subrayó que el desarrollo y uso de este tipo de armamento implica niveles de complejidad tecnológica, control y decisión política que hacen improbable su empleo inmediato o su transferencia a actores no estatales.
La entrevista dejó como conclusión una advertencia central: los conflictos modernos no se definen únicamente en el campo de batalla, sino en una compleja interacción entre desgaste militar, presión económica, tensiones internas y competencia geopolítica global. En ese entramado, los resultados rara vez son inmediatos, y las consecuencias, muchas veces, imprevisibles.