Actualidad Radio Miami
La periodista cubana Tania Costa, integrante del equipo de CiberCuba y con una reconocida trayectoria en medios de comunicación en España, ofreció un análisis profundo, crítico y emocional sobre la compleja realidad que atraviesa Cuba, en una entrevista donde abordó tanto los posibles escenarios de transición como el drama cotidiano de millones de cubanos dentro de la isla.
En un contexto marcado por rumores de contactos y posibles negociaciones entre el gobierno cubano y actores internacionales, Costa fue enfática en señalar que cualquier proceso de cambio no será inmediato ni responderá a ideales absolutos. Por el contrario, advirtió que el camino hacia una transformación real estará lleno de concesiones, tensiones y decisiones incómodas.
“Si queremos un país diferente, tendremos que aceptar que no todo ocurrirá como soñamos”, afirmó, subrayando que la historia ha demostrado que las transiciones políticas rara vez se producen en términos perfectos o justos desde el inicio.
Uno de los ejes centrales de su intervención fue el dilema entre justicia y urgencia humanitaria. Costa puso el foco en los millones de cubanos que permanecen en la isla, especialmente los sectores más vulnerables: ancianos, niños y familias en situación de pobreza extrema. En ese sentido, hizo un llamado a replantear las prioridades del debate político.
“La lucha principal hoy no es contra la riqueza, es contra la pobreza. Y esa pobreza tiene rostro: es la gente que no ha podido salir, que vive sin electricidad, sin agua, sin medicinas”, expresó con contundencia.
Respecto a la situación de los presos políticos, la periodista defendió la necesidad de una amnistía real que elimine cualquier antecedente penal, al considerar que no han cometido delitos. Sin embargo, reconoció que este escenario es complejo y poco probable en el corto plazo. En su análisis, los presos se han convertido en una herramienta estratégica dentro de cualquier proceso de negociación.
“Son rehenes con un valor enorme para el régimen. Por eso no los van a soltar todos de una vez”, explicó, señalando que las liberaciones parciales deben interpretarse como movimientos tácticos más que como señales de apertura definitiva.
Costa también abordó el papel de la ciudadanía dentro de Cuba, destacando las recientes protestas protagonizadas por jóvenes, adolescentes e incluso niños. Para ella, estas manifestaciones reflejan un cambio importante en la sociedad cubana, que comienza a perder el miedo y a exigir condiciones de vida dignas.
“La gente tiene que hacer lo que le corresponde: protestar, exigir, defender sus derechos de manera pacífica. No se puede esperar a que alguien venga de fuera a resolverlo todo”, afirmó, en referencia a la percepción de que actores internacionales podrían liderar el cambio en la isla.
En este sentido, estableció una comparación con el caso venezolano, resaltando la capacidad de movilización ciudadana como un elemento clave, aunque también advirtió sobre las limitaciones y frustraciones que pueden surgir en procesos prolongados.
Otro de los puntos críticos de su análisis fue la fragmentación de la oposición cubana, tanto dentro como fuera del país. Costa hizo un llamado directo a la unidad y a la necesidad de dejar de lado intereses individuales.
“No podemos seguir siendo grupitos. Hay que pensar en Cuba, no en protagonismos. Los egos hay que ponerlos en remojo y trabajar por un objetivo común”, señaló.
Finalmente, la periodista abordó uno de los temas más sensibles: el perdón. Reconoció el profundo dolor acumulado por décadas de represión, exilio y pérdidas personales, pero planteó que, en algún momento, será necesario abrir espacio a la reconciliación si se quiere construir un país viable.
“La vida que hemos perdido no nos la va a devolver nadie. Pero si queremos un futuro distinto, habrá que tomar decisiones difíciles, incluso perdonar, aunque duela”, concluyó.
La intervención de Tania Costa deja sobre la mesa una realidad compleja: el futuro de Cuba no dependerá únicamente de factores externos o decisiones políticas, sino también de la capacidad de su sociedad —dentro y fuera de la isla— para enfrentar con madurez, unidad y sentido de urgencia uno de los momentos más críticos de su historia reciente.