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La crisis venezolana ya no puede leerse como un conflicto político prolongado, sino como un proceso que se acerca a una definición. Así lo plantea el teniente coronel retirado de la aviación venezolana Guillermo Beltrán Vielma, quien advierte que el país transita una fase crítica donde los factores internos y externos comienzan a alinearse hacia un desenlace.
Según su análisis, Venezuela ha dejado atrás el terreno de las negociaciones estériles y las presiones diplomáticas sin efecto. “No hay vuelta atrás”, sostiene, al describir un escenario en el que las opciones se reducen y el margen de maniobra del poder se estrecha progresivamente.
Uno de los puntos centrales de su diagnóstico es el rol de la Fuerza Armada. Para Beltrán, el futuro del país depende en gran medida de lo que ocurra dentro de la institución militar, donde —asegura— existen tensiones acumuladas y sectores que podrían inclinar la balanza en un momento decisivo. Sin embargo, advierte que cualquier fractura no sería inmediata ni homogénea, sino el resultado de un desgaste sostenido.
En ese contexto, plantea que se estaría configurando una estructura orientada a facilitar una transición, aunque sin garantías de que esta sea ordenada. El principal riesgo, señala, es que el debilitamiento del aparato estatal no derive automáticamente en estabilidad, sino que abra espacios de incertidumbre.
Beltrán también introduce un elemento clave: la complejidad del poder en Venezuela. A su juicio, no se trata únicamente de un gobierno tradicional, sino de una red donde confluyen intereses políticos, económicos y estructuras irregulares. Esta característica, afirma, convierte cualquier intento de cambio en un proceso más delicado y potencialmente conflictivo.
En el plano internacional, su lectura es prudente pero significativa. Considera que actores externos, especialmente Estados Unidos, mantienen capacidad de influencia sobre el desarrollo de los acontecimientos, aunque descarta escenarios de intervención masiva. En cambio, sugiere que, de producirse algún tipo de acción, esta sería limitada, estratégica y enfocada en objetivos concretos.
Otro aspecto relevante de su análisis es el tiempo. Lejos de anticipar un colapso inmediato, Beltrán describe un proceso de deterioro progresivo: presión económica, desgaste institucional y pérdida de control que, acumulados, podrían desembocar en un punto de ruptura. Ese momento —advierte— no necesariamente implicará una transición clara, sino que podría dar paso a escenarios de alta volatilidad.
La advertencia final del coronel resume la complejidad del momento: Venezuela no solo enfrenta la posibilidad de un cambio político, sino también el desafío de evitar que ese cambio derive en un vacío de poder. En esa delgada línea se juega el futuro inmediato del país, entre la transición y la incertidumbre.