A012 Roma, Historia Eterna - Monarquía VI (los siete reyes - Servio Tulio)
Author: franzogar
November 4, 2020
Duration: 12:14
ROMA
Período 750 al 510 antes de Cristo
ó 3 al 243 ab urbe condita.
De la monarquía o de los siete reyes.
Servio Tulio
Servio Tulio, apodado el Constituyente, reinó durante cuarenta y cuatro años como sexto rey de Roma, según la tradición, desde el año 578 antes de Cristo o 175 ab urbe condita hasta el año 534 antes de Cristo o 219 ab urbe condita.
No obstante, la fecha de su nacimiento carece de dato fehaciente y su origen contempla dos versiones diferentes: una que le hace latino y otra etrusco.
También la tradición mantiene que fue hijo de una sierva, (de ahí el nombre de Servius), llamada Ocrisia y de un princeps latino, natural de la ciudad de Cornículo (Corniculum), aunque se desconoce la fecha de sus nacimiento. El futuro emperador Tiberio Claudio Druso, conocido como Claudio, en sus escritos le registra como un jefe etrusco nombrado Mastarna, que se adueñó de Roma.
Según la tradición, cuando la ciudad de Corniculum fue conquistada por los romanos, su padre murió, y su madre, embarazada de él, llegó como esclava a Roma y fue entregada a Tanaquil, la esposa de Lucio Tarquinio Prisco.
Fue criado y educado en la corte romana. Según Dionisio de Halicarnaso, cierto día sus cabellos se prendieron en llamas pero su cabeza se mantuvo inmaculada, suceso que fue considerado como un signo divino y de buen augurio, que le ayudó a conseguir la protección del rey y de su esposa Tanaquil.
A partir de entonces inició el ejercicio de responsabilidades de gobierno que, posteriormente, le transportaron al poder.
Alcanzando la edad suficiente para casarse, el rey Lucio Tarquino Prisco desposó a Servio Tulio con una de sus hijas, conocida como Tarquinia.
Según Tito Livio, una vez muerto Lucio Tarquinio Prisco por dos sicarios contratados por los hijos de Anco Marcio, que siempre creyeron que el trono de su padre le correspondía por herencia, Tanaquil, la esposa del rey asesinado tramó ocultar el anuncio del fallecimiento del rey, retrasándolo, y, luego, decidió comunicar al pueblo, asomada a una ventana, que el rey malherido, agonizante tras el atentado, designó como su elegido a Servio Tulio con la finalidad de que tomara las riendas de su gobierno en su propio nombre.
Cuando los Marcios fueron echados de Roma y las aguas volvieron a su cauce, unos días después, se anunció oficialmente el fallecimiento del rey, cuyos funerales presidió Servio Tulio como primer acto de su reciente reinado.
Su durarero reinado pacífico propició la realización de grandes reformas políticas, sociales y militares, como la organización del ejército romano.
La construcción de las conocidas murallas servianas han sido siempre atribuidas a Servio Tulio. Fueron antiguas fortificaciones de la ciudad de unos 11 kilómetros de longitud, que perimetraban las siete colinas históricas.
Nuevos estudios arqueológicos datan a las murallas que fueron construidas en el siglo IV antes de Cristo con materiales extraídos de canteras cercanas a la ciudad de Veyes.
Otra atribución asignada a Servio Tulio corresponde al itinerario de la periferia sagrada de la ciudad, el pomerium, cuyo origen se remonta a los etruscos, que, mediante la unción de un buey a un arado, se surcaba la tierra, delimitando el perímetro de la ciudad.
Unos mojones de tierra (cippi) marcaron el límite de Roma que quedó divida en cuatro circunscripciones, a saber; Suburana, Esquilina, Colina y Palatina, conservándose esta distribución hasta los tiempos de Lucio Cornelio Sila Felix.
Abarcó una extensión cercana a las doscientas cuarenta y cinco hectáreas, que convirtió a Roma en la ciudad más grande del Lacio, albergando una población de unas treinta y cinco mil almas, equiparable sólo a las grandes urbes etruscas y griegas.
Organizó la población romana, sentando las bases del ejército.
Las antiguas tribus, mencionadas en títulos anteriores, las célebres de los ramnes, ticies y luceres, asociadas respectivamente a latinos, sabinos y etruscos, fueron sustituidas por las recientes regiones creadas: las tribus Suburana, Esquilina, Colina y Palatina, sin descartar la fundación de otras veintiuna tribus rústicas más las treinta y cinco que definitivamente conformaron el total en tiempos republicanos.
Las nuevas tribus rústicas adoptaron nombres de algunas gens patricias y de ciertos topónimos como Cornelia, Emilia, Claudia, Lemonia, Fabia, Coltinia, Camilia, Galeria, Pupinia, Romilia, etc.
En las primeras quedaron integrados los no propietarios de tierras (que también fueron inscritos en registros públicos de acuerdo con sus profesiones) y en las segundas los que tuviesen (los llamados adsidui).
Las circunscripciones instituidas de la población propició la creación de un impuesto o tributum e incluyó a los plebeyos en el ejército.
Esta reforma, la Constitución serviana, cambió las tribus romúleas y curias, que estaban representadas por las familias patricias debido a su nacimiento, por otras donde solo importaba el lugar de residencia.
Esta estructura social facilitó la participación de los plebeyos en la vida política romana (por medio de los comicios), ya que desde entonces, como refiere el párrafo anterior, el único requisito para ascender socialmente dejó de ser el derecho de nacimiento y se tuvo en cuenta la fortuna personal.
Dividió el ager romanus y a la población, basándose en la riqueza de cada uno de sus miembros, en cinco clases para regular el armamento que cada ciudadano debía sufragar.
Distinguió, según podían o no armarse para la guerra, dos grupos: Los classis y los infra classem incluidos en la categoría de adsidui; sin embargo a los pertenecientes a la última clase los excluyó del servicio armado y por su menor renta, quedaron exentos del pago de impuestos.
Esta parte del pueblo se llamó después proletarii (proletarios), denominación que irónicamente se aplicaba a individuos que tenían numerosa prole, pero en realidad se refería a la parte de la población que buscaba el sustento sirviendo a personas pudientes, en contraposición a los privilegiados herederos de las tierras.
Cada clase estuvo subdividida en centurias, posiblemente compuesta por cien hombres. Hubo el mismo número de centurias iunores (hombres de entre 17 a 45 años) y de seniores (hombres de entre 46 a 60 años, destinados a la defensa de la ciudad).
Las tres primeras clases aportaban 60 centurias de iunores y 25 las dos últimas, que formaban la infatería, más un complemento de 18 centurias de caballería, los equites (caballeros).
El ejército reformado por Servio Tulio seguió adoptando el modelo hoplítico griego de la falange, cuyo armamento típico y táctica estaban arraigados en la península itálica.
Los miembros de la clase (classis) con capacidad económica estaban equipados como hoplitas: la armadura pesada y el escudo redondo (clipeus), la versión romana del hoplon, adecuados a la táctica clásica de las filas de soldados que integraban la falange.
El pueblo romano, populus romanus, obligado entonces al servicio militar, mantuvo reuniones en los comicios centuriados donde se votaba por centurias.
La asamblea centuriada (comitia centuriata) que no se basaba en ningun territorio limitó el poder de las familias patricias con respecto al dominio que ostentaban en los comicios curiados (comitia curiata) y, por ende, fortaleció la autoridad del rey.
Los comicios centuriados otorgaron voto a todos los habitantes de Roma, patricios y plebeyos (incluso los de la infra classem, quienes participaban agrupados en una gran centuria), pero cabe puntualizar que, como el voto no era individual, sino ejercido por cada centuria, y como las primeras clases, integradas básicamente por patricios adinerados, aportaban un mayor número de centurias a la asamblea, en la práctica decidieron, sin contrapesos, cualquier votación.
Cabe reseñar que la institución del censo y la organización centuriada, supuso la redefinición, o quizá el auténtico establecimiento, del concepto de la ciudadanía romana.
Creó una liga entre los latinos y los romanos, con el objeto de acabar con las guerras entre ambos y defenderse de enemigos comunes, edificando sobre el monte Aventino un templo en honor a Diana, en donde centró el culto de la referida liga.
Dio un gran impulso al culto de la diosa Fortuna, que asoció a su persona y no tuvo inconvenientes en introducir y organizar muchos cultos, creando incluso dos nuevas fiestas religiosas, los Paganalia y los Compitalia.
Según la tradición, Servio Tulio acabó asesinado por sus propios parientes (su hija Tulia y su yerno Lucio Tarquinio Superbo, al parecer, nieto de su antecesor Lucio Tarquinio Prisco.
Cuenta Tito Livio que Lucio Tarquinio Superbo se personó en el foro acompañado de hombres armados y convocó a los senadores para denunciar a Servio Tulio como un rey ilegítimo.
Comenzó a injuriarlo y terminó diciendo que, después de la afrentosa muerte de su antecesor, sin establecer el interregno acostumbrado, sin reunir los comicios, sin el sufragio del pueblo, sin la ratificación del Senado, había ocupado el trono como regalo de una mujer.
Avisado Servio Tulio, abandonó el Senado y acudió a defenderse y, en la confusión resultante entre los respectivos partidarios, que le tendieron una emboscada, el propio Lucio Tarquinio Superbo, bajando las escaleras que conducían al foro, se avalanzó contra el rey, dejándolo medio muerto. Según continúa la versión de Tito Livio, Servio Tulio fue ejecutado por sus perseguidores, y después su propia hija Tulia, esposa de Lucio Tarquinio Superbo, arrolló el cadáver con el carro que conducía.
La clase patricia estuvo detrás del asesinato del rey, pues siempre repudió las reformas censitarias, basadas en la riqueza, que dieron derechos políticos a la plebe.
Partiendo de que la monarquía romana no fue hereditaria, Lucio Tarquinio Superbo, que reivindicaba su ascendencia real frente al origen servil de Servio Tulio, carecía del más minimo derecho al trono al igual que los hijos de Anco Marcio, cuando asesinaron también a Lucio Tarquinio Prisco.
A pesar de que actuó ilegitimamente, Lucio Tarquinio Superbo heredó el título, pero fue recordado como un auténtico tirano, cruel y caprichoso que pasó a la historia como el soberbio, mientras que Servio Tulio fue recordado como el rey más amado y benefactor de Roma.