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En una reciente entrevista, el capitán de navío Bernardo Jurado ofreció un análisis profundo sobre la situación estratégica en el Golfo Pérsico, la capacidad militar de Irán y los riesgos que enfrenta el comercio energético global en el estrecho de Ormuz. Según Jurado, la combinación de un espacio de navegación reducido y la proximidad a la costa iraní convierte esta zona en un blanco extremadamente vulnerable.
El especialista señaló que la armada iraní ha sufrido importantes debilitamientos, quedando prácticamente diezmada en su capacidad de combate. Solo dos buques de línea mantienen operatividad efectiva, mientras que el resto corresponde a unidades auxiliares o de menor categoría, lo que limita su influencia en un escenario de conflicto.
Jurado enfatizó que, aunque el estrecho tiene más de treinta kilómetros de ancho, el canal profundo navegable para supertanqueros se reduce a apenas tres kilómetros. “Es como conducir una gandola por un paso extremadamente estrecho: si dos grandes buques se cruzan, prácticamente se rozan”, explicó. Esto aumenta la vulnerabilidad ante ataques de misiles costeros, minas navales o acciones de guerra electrónica.
El capitán también recordó la importancia de la guerra electrónica en los conflictos modernos, mencionando la histórica batalla de Latakia de 1973 como ejemplo de cómo el control del espectro electromagnético puede cambiar radicalmente el resultado de un combate naval.
Aunque Irán conserva capacidades puntuales, como submarinos diésel clase Kilo, Jurado considera que la superioridad aérea y naval podría reducir la necesidad de operaciones terrestres, minimizando el riesgo de una invasión directa.
La advertencia de Jurado subraya la fragilidad de la seguridad marítima en el Golfo Pérsico y el impacto que cualquier incidente en el estrecho de Ormuz tendría sobre los mercados energéticos y la economía global.